Abogados y Economistas

19·04·2018

Cuando tú eres el producto

- Montse Martínez Bastida

Todos somos conocedores de los últimos acontecimientos sucedidos en Facebook: la consultora de marketing político Cambridge Analytica ha sido acusada de utilizar datos de usuarios de esta red social, obtenidos ilegalmente, para tratar de influir en las elecciones de Estados Unidos. Según ha reconocido el propio presidente de Facebook, Cambridge Analytica ha accedido a los datos de 87 millones de personas sin su consentimiento.

El derecho a la privacidad ha sido puesto en jaque una vez más. Pero ahora la cuestión se ha agravado: con el uso intensivo que hacemos de las redes sociales, empresas como Cambridge Analytica utilizan la tecnología de análisis de datos para conocer nuestros rasgos sociales y personales más íntimos: creencias políticas, ideario religioso, tendencias sexuales, poder adquisitivo, o perfil psicológico. Y todo ello para ser vendido como mercancía a partidos políticos o a empresas comerciales; con frecuencia sin el consentimiento del interesado.

El derecho al honor, a la intimidad y a la propia imagen son derechos fundamentales recogidos en la Constitución Española; y esto implica que deben ser respetados también en el mundo virtual.

Así, en las redes sociales no pueden publicarse informaciones o fotografías privadas sin que hayamos prestado nuestro consentimiento expreso; tampoco se puede usar nuestra imagen extraída de una red social sin nuestro permiso, ni pueden usarse datos personales como el nombre o la fecha de nacimiento. Usarlos, además, puede suponer en ocasiones la comisión de un delito cuando estos datos son empleados para acosar, difamar, amenazar o calumniar.

Existen numerosos mecanismos en nuestra legislación que protegen nuestra privacidad, intimidad y honor; el propio Google tiene establecido el llamado “derecho al olvido”, un procedimiento que nos permite pedir que se retiren los resultados de búsquedas en las que aparecemos contra nuestra voluntad. Pero en el caso de lo acontecido con Facebook y Cambridge Analytica, parece evidente que se han cruzados líneas rojas y el control legal no ha funcionado. Ahora estas compañías deberán responder por estas prácticas ante la justicia, ante sus clientes, y ante sus  accionistas.

Pero para evitar llegar a estos extremos, creo que deberíamos ser mucho más celosos de a quién cedemos nuestros datos; y preguntarnos por ejemplo (y esto es un caso real) si es realmente necesario que nuestra peluquería del barrio archive información con nuestro móvil, dirección y cuenta de Facebook. ¿Conocemos al dueño de esa peluquería? ¿Sabemos si su sistema informático se puede hackear fácilmente desde el wi-fi? ¿Sabemos adónde irán nuestros datos cuando traspasen el negocio?

En resumen: la ley actuará cuando seamos víctimas de un ataque a nuestra privacidad a través de internet, pero es mucho más efectivo tomar medidas elementales de protección para minimizar los riesgos.

Montse Martínez

Profesora de la Universitat Rovira i Virgili

Abogada Grupo Gispert Abogados y Economistas

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