Abogados y Economistas

28·03·2018

Volando voy

- Montse Martínez Bastida

Han llegado para quedarse. Oficialmente se llaman aeronaves pilotadas por control remoto, pero todos los conocemos como drones. Estas máquinas están cambiando costumbres cotidianas y lo harán mucho más en el futuro y se augura un importante desarrollo económico asociado a su uso: se calcula que en los próximos díez años en la Unión Europea los drones de uso civil coparán el 10% del mercado de la aviación en la Unión Europea, lo que supone un negocio de unos 15.000 millones de euros anuales, que creará decenas de miles de empleos.

En España hay unas 3.000 empresas en el sector, que operan unos 4.300 drones; y el trabajo que realizan estas máquinas es de gran utilidad: cartografía, vigilancia de cultivos, inspección de fisuras o daños arquitectónicos, seguridad, y un largo etcétera. Pero como toda novedad, su uso no está exento de polémica: existe preocupación por su utilización por organizaciones criminales, por la posible invasión de la intimidad o sencillamente por el riesgo físico que su uso comporta.

El uso de los drones no estaba convenientemente regulado; algo importante pues estamos hablando de aparatos que entrañan riesgos como los mencionados anteriormente y que además pueden interferir con la navegación aérea tripulada. La cosa ha cambiado con la reciente entrada en vigor de un real decreto que determina el uso civil de los drones.

Hasta ahora, sólo se podía hacer volar un dron particularmente en zonas despobladas y de día- y siempre que no se perdiera el contacto visual con el aparato. Ahora la normativa cambia y se permite hacerlo en zonas urbanas y de noche, pero sólo a empresas especializadas, con pilotos acreditados y con aparatos homologados.

La nueva normativa aunque amplía mucho la utilización de estos aparatos en el apartado comercial, de servicios y de seguridad, sigue siendo muy estricta en cuanto a las condiciones de uso de los mismos en las zonas urbanas: no podrán sobrepasar los 120 metros de altura ni transportar más de 10 kilogramos de peso, además de otras regulaciones técnicas de no interferencia con la navegación aérea tripulada.

El usuario aficionado podrá seguir usándolos en espacios no poblados siempre que no pierda de vista su aparato, con la ventaja adicional de que se ha doblado la distancia operacional del dron, pero la nueva normativa sigue si permitir el uso particular en zonas pobladas.

Lo que sí hace la nueva normativa  es ampliar los usos comerciales en zonas urbanas, lo que a ayudará a la expansión de una industria de futuro, pero sin duda habrá abusos en su utilización que hará que algunos pongan en cuestión esta nueva tecnología. Pero todo apunta a que formarán parte del paisaje de nuestras vidas y ciudades en el futuro, pues son muchos más los beneficios que aportan que los inconvenientes de su mal uso.

 

Montse Martínez

Profesora de la Universitat Rovira i Virgili

Abogada Grupo Gispert Abogados y Economistas

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